Comentario a la liturgia: V Domingo de Cuaresma - 7 de abril del 2019 "El Señor nos perdona y nos concede la purificación de nuestras almas".

Comentario a la liturgia: V Domingo de Cuaresma - 7 de abril del 2019 "El Señor nos perdona y nos concede la purificación de nuestras almas".

V Domingo TC C El tiempo de cuaresma es un tiempo de penitencia marcado por signos externos de austeridad. Estos... Más

V Domingo TC C

El tiempo de cuaresma es un tiempo de penitencia marcado por signos externos de austeridad. Estos gestos externos nos recuerdan que hemos fallado, hemos caído, hemos pecado y que necesitamos la misericordia del Padre. Puede ser un tiempo que nos haga más conscientes de lo débiles y frágiles que somos. Pero además de ser un tiempo de penitencia está marcado por la esperanza. Toda la liturgia nos conduce primero a reconocer nuestras faltas e iniquidades pero a la vez nos abre siempre a la esperanza en la misericordia de Dios.

Así lo hace el día de hoy la primera lectura del libro de la consolación de Isaías. El texto nos dice: «No recuerden lo pasado ni piensen en lo antiguo; yo voy a realizar algo nuevo. Ya está brotando. ¿No lo notan?». Esta frase nos llena de esperanza. Es verdad que al ver nuestro pasado hay cosas que nos cuestan recordar. Hay momentos de dolor, de fragilidad o de pecado que nos avergüenza reconocer que están ahí. Pero ya se quedaron en el pasado. Ese pasado es redimido por el Señor si nos acercamos con confianza e imploramos su misericordia.

El Señor nos perdona y nos concede la purificación de nuestras almas. Sin embargo, a veces esos pecados se quedan en la memoria del hombre y no dejan que este siga su camino adelante. Esto puede ser causa de nuestro amor propio. Quizá no es Dios el que no nos está perdonando sino que nosotros mismos somos los que no nos perdonamos. Tenemos que aprender a dejar ir nuestro pasado. Aprender a ponerlo en las manos del Dios misericordioso que sabe y conoce nuestra fragilidad y nos perdona.

Dios nos promete que va a realizar algo nuevo. Aunque nos levantemos por la mañana y pensemos que no seremos capaces de superar lo que en el pasado vivimos. Aunque pensemos que jamás seremos capaces de vencer vicios o debilidades, Dios nos vuelve a decir hoy: «Yo voy a realizar algo nuevo». Hoy voy a darte otra oportunidad. Pero en esta nueva oportunidad no estás solo. No eres tu quien luchas por el bien, quien pretende tener la fuerza de salir adelante. Yo estoy contigo, yo soy tu fortaleza.

Dios es el que transforma y cambia el corazón. Él es el que hará de nosotros, odres viejos y rotos, odres nuevos para poner dentro de nosotros un vino nuevo;  el vino de su gracia. Él quiere mostrarnos que su gracia es más grande que nuestra debilidad y que nuestro pecado y que puede hacer de nosotros creaturas nuevas.

Por último, el texto nos enseña que esta transformación no se realizará en los últimos tiempos solamente. A veces pensamos que cuando termine nuestra vida y nos vayamos al cielo entonces sí el Señor, finalmente, nos va a cambiar o transformar. Eso no es así. El cielo ya se vive desde ahora. Jesús en la cruz nos alcanzó las gracias para vivir distinto. Ya ahora está brotando en nosotros una nueva realidad. Ya no somos hombres viejos sino que hombres nuevos. Vamos dejando atrás, progresivamente, esta condición dañada para ser renovados y restaurados por la gracia. Dios está haciendo brotar en nosotros algo nuevo. ¿Será acaso que, como dice el profeta, no lo notamos?

Pidamos al Señor que nos permita ver con ojos de la fe que Él está actuando en nuestro corazón: «Dios de la misericordia. Hemos querido dejar atrás nuestro pasado. Te pedimos que nos enseñes a dejarnos perdonar por ti y así perdonarnos también a nosotros mismos. Danos la gracia de permitirte realizar algo nuevo en nuestro corazón. Que nos dejemos renovar y transformar por ti. Y una vez renovados, hagamos una alabanza ya que hemos notado que algo nuevo está brotando en nuestro interior. Amén.»

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